En Sur, el gran 'Pino' Solanas (director) construye una de las obras más poéticas del cine argentino de la posdictadura. Estrenada en 1988, la película se mueve en un territorio donde la realidad, los recuerdos y lo onírico se mezclan para contar una historia atravesada por el regreso, la memoria y las marcas que deja la historia en la vida cotidiana.
El protagonista, Floreal, interpretado por Miguel Ángel Solá, sale de prisión después de haber estado detenido durante la dictadura militar. Es entonces que al recuperar la libertad, vuelve a su barrio en el sur de Buenos Aires con la esperanza de reencontrarse con su vida. Sin embargo, ese regreso no es simple: el tiempo pasó, los vínculos cambiaron y la ciudad misma parece cargada de silencios. En su recorrido nocturno por calles, bares y esquinas, Floreal se enfrenta tanto con las personas de su presente como con figuras que parecen surgir del pasado.
En el centro de la película aparece una Buenos Aires profundamente simbólica. La noche, el tango y los encuentros cargados de melancolía crean una atmósfera donde los recuerdos se cuelan en los huesos. Pino construye así un relato donde lo político no se expresa únicamente a través del discurso, sino a través de los afectos, las ausencias y las cicatrices que quedan en los que sobrevivieron esa epoca.
En ese sentido, el mundo que muestra la película dialoga con un significado: el del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, que se conmemora cada 24 de marzo. Así como esa fecha invita a la sociedad argentina a recordar el inicio de la última dictadura y reflexionar sobre sus consecuencias, Sur retrata de manera íntima las huellas que dejó ese tiempo en las vidas de las personas. El regreso de Floreal no es solo el de un hombre que sale de prisión, sino también el de una sociedad que intenta reconstruirse después de la violencia, el silencio y la pérdida.
A su vez, una de las grandes fuerzas de Sur está en su dimensión visual y artística. La película está construida con una estética muy azulada y cuidada, donde cada escena parece pensada como una composición poética. Las luces nocturnas, los contrastes entre sombras y neones, las coreografías de los personajes y la presencia constante del tango generan imágenes que oscilan entre el realismo y lo teatral. Muchas secuencias funcionan casi como cuadros en movimiento, donde la ciudad se vuelve escenario de recuerdos, deseos y fantasmas. Esa apuesta estética no solo embellece la película, sino que refuerza su tono onírico: el pasado aparece como algo que todavía habita las calles, los cuerpos y la memoria.
Más allá de su contexto histórico, Sur permanece como una película profundamente emocional. Entre la poesía visual, la presencia del tango y los fantasmas de la memoria, Solanas logra retratar un momento en el que el país buscaba volver a empezar. En esa mezcla de melancolía y esperanza, la película propone una reflexión que sigue vigente: la memoria no es solo recordar lo ocurrido, sino también una forma de imaginar cómo seguir adelante.
Alguien siempre tiene que contar la historia y QUE historia conto Pino aca.
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