Este 8M nos agarra más golpeadas que otros años.
El 2026 empezó hace dos meses y unos días, y las cifras ya son alarmantes: 43 víctimas fatales de violencia de género, 1 femicidio cada 34hs y un intento de femicidio cada 21hs*. Paralelamente, por un lado en redes sociales la violencia verbal y las amenazas a mujeres aumentan todos los días; por el otro, la figura de las “trad wife” se instala poco a poco y el discurso del gobierno de turno ni siquiera nos posiciona como sujetas de derecho. Decir que el panorama es terrible es poco, sinceramente.
El 8 de marzo no es un día para decirnos “feliz día”, no, es un día para reivindicar nuestras luchas. Es un sólo día en el año donde se le “da visibilidad” a un grupo de personas que pareciera que a muchos no les gusta que tengamos voz, ni voto, ni poder de decisión, ni opiniones, ni carreras universitarias, ni muchas otras cosas. Es un día donde en todos lados, en todas partes, estamos nosotras como protagonistas.
Pero… ¿qué pasa con ese protagonismo? ¿Nos gusta? ¿Lo necesitamos? ¿Es necesario salir a movilizar con brillos en la cara? ¿Está bien que alguien cuide a nuestros hijos mientras nosotras estamos en la calle? y un sin fin de cuestionamientos, porque no son preguntas.
¿Nos gusta ser protagonistas? La verdad que no, no nos gusta ver casos de femicidio en la televisión, ni marchas pidiendo justicia, ni presión social para que los jueces fallen a favor de las víctimas y no en su contra. No nos gusta que nuestro protagonismo esté ligado a nuestra muerte, a que haya, como ya dijimos, un femicidio cada 34hs. Ni nos gusta reclamar la disparidad salarial, ni los comentarios misóginos en redes sociales, ni la violencia institucional y/o laboral, ni que siempre la razón por la que somos protagonistas sea porque estamos reclamando en una sociedad donde, últimamente, se hace todo lo posible para que cada vez estemos más y más lejos.
Si no fuera por esto, sí, nos gusta que el 8 solamente seamos protagonistas nosotras. ¿Por qué? porque están obligados a prestarnos atención. Estamos en todos lados remarcando lo que está mal en este sistema patriarcal, y ese día, no hay escapatoria: somos las oradoras y las que contamos la historia. ¿Lo necesitamos? Los espacios de reclamo son siempre necesarios, que haya medios de comunicación que nos den voz también. Que seamos muchas pidiendo por lo mismo es un reflejo clave de que no estamos locas, no somos exageradas: hay una realidad que pasa que nos golpea, viola y mata y hay que verla y cambiarla. Hoy en día, eso se hace con la visibilización de las problemáticas.
¿Es necesario salir a movilizar con brillos en la cara? Es lo que es: ponerle un poco de color a un mundo que nos quiere sacar el color. Y al final, surte efecto, ¿no? Estamos en la tele porque tenemos brillos en la cara, porque no les gusta que nuestro espacio de visibilización también sea de goce, porque nosotras somos mujeres y no deberíamos gozar. ¿Y está bien que alguien cuide a nuestros hijos mientras nosotras estamos en la calle? Está perfecto, obvio, es lo que pasa en cualquier situación donde una madre, padre o tutor tiene una responsabilidad y su hije no puede acompañar: se queda a cargo de alguien que pueda cuidarlo. ¿Por qué estaría mal? ¿Qué es lo distinto de esta situación a un padre que lleva a sus hijos con la madre cuando quiere ir a jugar al futbol?
¿Y si decidimos llevarles a las marchas? ¿Cuál es el problema? ¿El supuesto “adoctrinamiento”? Somos sujetos de lucha y las infancias también forman parte de esa lucha. Crecemos mamando valentía porque muchas de nuestras batallas empiezan incluso antes de que nazcamos. Al final del día, lo que reclamamos es para que sus vidas, en el futuro, sean más libres y más justas. La familia no es la esclavitud que nos quieren hacer creer; también puede ser un espacio de lucha, de cuidado y de construcción colectiva. Y no hay nada más hermoso que ver a las infancias construir estos espacios con nosotras: porque son vida, porque son presente y porque también son el futuro.
¿Por qué tantas reflexiones? ¿Por qué tantas preguntas? ¿Por qué tantos cuestionamientos? ¿Por qué cada decisión que tomamos tiene que ser analizada, juzgada y puesta bajo la lupa? ¿Vemos el mismo nivel de escrutinio frente a cualquier situación que involucre a un hombre? ¿Qué hay de distinto?
Lo distinto, y la raíz de todos los cuestionamientos, es que somos mujeres.
Y justamente por eso seguimos saliendo a la calle. Porque cada derecho conseguido fue antes una lucha incómoda, cuestionada y ridiculizada. Porque aunque intenten corrernos, seguimos estando, organizadas y juntas. Y mientras exista una sola que no pueda vivir libre de violencia, el 8 de marzo no será una celebración: será una jornada de memoria, de lucha y de resistencia.
*datos sacados del Observatorio “Ahora que sí nos ven”.
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